Pensión de alimentos y nula relación padre hijo: ¿Qué dice la jurisprudencia?

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Pensión de alimentos y nula relación padre hijo: ¿Qué dice la jurisprudencia?

Vivimos tiempos convulsos en materia de Derecho de Familia, especialmente debido a la crisis económica provocada por la pandemia por coronavirus. Muchas familias separadas o divorciadas se enfrentan al reto de revisar las condiciones en que se desenvuelve la relación con sus hijos en común, como ocurre en el caso de la pensión de alimentos. Cambian la circunstancias económicas de los obligados a abonarla y se hace imprescindible buscar la forma de alcanzar un equilibrio. En este sentido, entra en juego una tendencia jurisprudencial relacionada con los casos en que existe nula relación padre hijo. Existen cada vez más sentencias que reconocen el derecho del progenitor obligado a pagar una pensión de alimentos a un hijo mayor de edad a perder esta obligación si existe nula relación entre ellos, siempre que no sea él mismo el causante de esa falta de relación. Pensión de alimentos y nula relación padre hijo: descubre qué dicen los jueces.

Pensión de alimentos y nula relación padre hijo: qué dicen los jueces

El pago de la pensión de alimentos cuando la relación con lo hijos es nula o muy reducida genera cada vez más sentencias en las que se da la razón al progenitor al que se le reclama este pago. Ello tiene mucho que ver con los cambios que experimenta el propio concepto de familia en nuestra sociedad: los núcleos familiares son menos estables, más flexibles, se mezclan entre sí y es cada vez más habitual que hijos de distintas parejas convivan en nuevos núcleos creados como fruto de nuevas relaciones. Por eso, tampoco es extraño que existan progenitores que no tengan relación con alguno de sus hijos.

En este marco se mueven sentencias como la que hoy comentamos, dictada el pasado 22 de julio de 2020 por la Audiencia Provincial de La Coruña. En ella se da la razón a un padre, que podrá dejar de abonar una pensión de alimentos a su hijo mayor edad con el que no ha existido relación ni comunicación. El argumento de la Audiencia se encuentra en la ausencia continuada de relación familiar, con una evidente situación de desapego o desafección no imputable al padre. Estas premisas permiten que desaparezca el principio de solidaridad y la vinculación familiar en el que se fundamenta el derecho a los alimentos.

Si bien esta sentencia supone reforzar los derechos de los padres en caso de desapego evidente, no se trata de la primera dictada en este sentido en nuestro país. De un tiempo a esta parte los jueces han desarrollado este criterio que, en realidad, resulta relativamente creativo, ya que nuestro Código Civil no habla expresamente de esta posibilidad.

Así, aunque son muchas las sentencias que hablan sobre la ausencia continuada de relación de los hijos mayores de edad con el progenitor alimentante como causa de extinción o cese de la obligación de dar alimentos, el origen de esta argumentación se encuentra en las causas para desheredar a un hijo en caso de abandono: se trata de una interpretación flexible de la ley que extrapola las causas de desheredación al pago de la pensión de alimentos.

Partiendo de esta base, este tipo de sentencias se nutre de la ausencia de solidaridad familiar e intergeneracional, que lógicamente no puede ser imputable al padre o madre obligado a prestar alimentos. Por tanto, para que la obligación de prestar alimentos se mantuviera, sería necesario que la parte que los reclama consiga probar que el ‘culpable’ de la ausencia de relación es el progenitor obligado a abonarla. En consecuencia, no se perderá la obligación de abonar esta pensión cuando el causante de la falta de relación sea el padre o la madre obligados a su abono.

Esta doctrina se basaría en que no resulta equitativo que quien renuncia a la relación familiar se beneficie de una institución jurídica que se funda, precisamente, en los vínculos familiares. En la sentencia que comentamos encontramos un aso en que existe nula relación entre padre e hijo desde su nacimiento, sin que se acredite que el hijo haya mostrado actitud o predisposición favorable a conocer a su padre. Además, el hijo no ha conseguido probar que la causa de esa situación sea imputable al padre, elemento clave para que este último haya sido quien ganara el caso.



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